Los papeles de Panamá y el papel de Panamá
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Los papeles de Panamá y el papel de Panamá

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Publicación: PRO DESPACHOS

El reciente aluvión mediático - no exento de cierto morbo y amarillismo - que ha revelado unas muy execrables conductas presuntas, merecedoras si se confirman, del más firme reproche ético y jurídico, ha arrasado también a su paso, de manera injusta e indiscriminada, el buen nombre y el bien ganado prestigio internacional de un país como Panamá, ejemplo indiscutible de un desarrollo y de un progreso en su área al que desde hace años vienen contribuyendo de manera legítima, legal y transparente, numerosos emprendedores españoles.

En el muy interesante foro celebrado hace unos días en la sede de la CEOE en Madrid, bajo el atractivo título de "las oportunidades de negocio en Panamá", se habló de muchas cosas importantes; de la realidad, de lo positivo y del crecimiento de nuestras prósperas relaciones empresariales e institucionales con el hermano país centroamericano. Como de soslayo -pero no por falta de interés de las autoridades presentes, tanto panameñas como españolas, sino de los propios asistentes- también salió a relucir, claro, el asunto de moda en estos días: el de los famosos "papeles". Se abordó el tema durante sólo unos minutos, pero sin tapujos, de una forma directa, clara y rigurosa. Y a otra cosa. Digo esto, no porque ese turbio contubernio carezca de relevancia, que desde luego que la tiene y mucha. Es que para los presentes, los empresarios que realmente hacen negocios legítimos y completamente legales en Panamá, el asunto no rebasaba el grado de la anécdota. Y eran unos cuantos centenares los allí presentes.

Aunque para un abogado que se precie de serlo, el asalto indiscriminado a los archivos de una firma legal siempre sea motivo de desazón ética y deontológica (porque el secreto profesional sigue, y debe seguir, en la esencia de la defensa letrada), la verdad es que en este concreto caso reconocemos que no vamos a rasgarnos demasiado la toga. Los derechos y los deberes no tienen una dimensión absoluta. Unos y otros son siempre relativos, porque deben ponerse en relación con otros derechos y con otros deberes, para encontrar en cada caso el justo equilibrio que mejor proteja el bien jurídico superior. El secreto profesional no puede ser refugio del crimen organizado, del fraude, del blanqueo de capitales, de la financiación de actividades ilícitas. En cada concreto asunto que llega a sus manos, es el profesional responsable el que, en primer lugar, debe discernir si su papel va a ser el de la defensa legítima y el asesoramiento legal o más bien el del "cómplice" de determinadas conductas. Los abogados, con la natural reticencia que les impone el sagrado deber de secreto, han tenido que asimilar también el que, en efecto, ese secreto profesional no lo legitima todo. Eso sí, de ahí a permitir que los archivos y las confidencias de los clientes figuren en el tablón de anuncios, va un verdadero trecho, por lo que tampoco vamos a legitimar, desde luego, ese asalto a las confidencias de un despacho de abogados, que ni sabemos cómo se ha producido, ni a qué directrices responde.

La cosa es que -ignoramos por qué vericuetos- los papeles están ahí; y como nos enseñaba nuestro querido profesor UBIERNA en sus magistrales clases de derecho procesal, si la prueba es ilícita, castíguese al que así la obtuvo, con todo el peso de la ley. Pero si, de cualquier forma, la evidencia está ya delante de nuestras narices, con la fotografía, la grabación o el reconocimiento expreso del crimen más abyecto ¿podemos absolver al culpable de los más execrables delitos, por meros pruritos procesales y de forma? No responderé aquí a esta pregunta, sólo lo dejo en el plano del debate.

Pero, ¿qué es lo que dicen, según la fuente (a la prensa me refiero), tan comprometedores papeles? Como reconozco que la cosa me interesa tanto o tan poco como a la mayoría de los asistentes al antes aludido foro empresarial -al que se iba a hablar de negocios legales y de oportunidades legítimas, no de delitos-, admito que tengo cosas bastante mejores que hacer que mirar esos papeles. 

Como jurista, me reconforta saber que, tanto en España como en Panamá, ese trabajo ya lo harán quienes saben y deben hacerlo: las autoridades judiciales y tributarias. Y por mi parte, a otra cosa de nuevo, porque fuera del juicio mediático, sólo me interesará el fallo que recaiga, no las insidias generalizadas, ni los juicios paralelos de la prensa. Con todo respeto.

Tampoco tendremos que defendernos, ni defender a nadie, en ese asunto. El pecado que por el momento ha trascendido a los medios es el de aparecer determinadas personas, más o menos conocidas, en los "papeles" de determinadas sociedades panameñas. Pues si ése era el pecado, otros ya no van a tener que confesarlo, porque son muchos y muy prestigiosos los emprendedores españoles, las sociedades y los grupos empresariales de nuestro país, que, con todo merecimiento, venían apareciendo desde hacía años en "los papeles", pero en otros papeles, esto es, en los de la prensa escrita, como se les llamaba antes de la revolución de los medios en internet. La diferencia está en que esa mención lo era por sus éxitos, por sus negocios fructíferos y por su ayuda al desarrollo de la región; y por ende, de la propia economía de nuestro país, mediante el pago puntual de sus impuestos, la creación de empleo, la innovación tecnológica y la acción social corporativa. En nuestra modestia, también nos confesamos culpables de algunos de esos "pecados", ya que, por lo que nos toca, en esos otros "papeles" nos retrató no hace mucho el prestigioso diario económico EXPANSION, cuando en su último mapa de los despachos de abogados españoles asentados en Latinoamérica, nos situaba como única firma de referencia en Panamá. Hemos de reconocer que ello nos llena hoy de más satisfacción y orgullo, si cabe, que el día en que se publicaba esa foto. Tanto nuestros clientes, como nosotros mismos, es en estos otros "papeles" en los únicos en los que vamos a salir, por lo que, como ya digo... a otra cosa. Estoy convencido que esto será lo mismo que pensaban los representantes de las muchas y muy prestigiosas empresas españolas que estuvieron presentes en el antes aludido foro de oportunidades empresariales celebrado en nuestra capital; y esa es también, sin duda, la razón por la que allí mucho se habló de cosas positivas y muy poco, casi nada, de oscuros papeles.

De lo que también se trató fue de "otro papel". Del importantísimo papel de Panamá en el mercado mundial y en el de la zona; de la ampliación del canal por empresas españolas, de la pujanza de éstas en el sector tecnológico y de las comunicaciones, de nuestra incomparable posición en el ámbito turístico, hotelero, de los servicios, de la ingeniería; de la construcción de la moderna red de metro de la capital panameña, liderada por empresas españolas; del comercio, del transporte, de las finanzas. Y de lo bien que se siente uno en ese país emprendedor y avanzado, haciendo negocios legítimos y disfrutando de su clima, de sus gentes; y de su calurosa acogida de todos los proyectos e iniciativas que vengan de un país como el nuestro, tan ávidos como estábamos de volver a resurgir de un desánimo y de una parálisis que ya, por fortuna, cada vez más están en el pasado que en el presente, y así esperamos que siga siendo. A ello precisamente y por encima de casi cualquier otro colectivo, son los emprendedores españoles los que más están contribuyendo día a día. En los peores tiempos de la crisis, ya les recomendábamos, como terapia, el viajar a Panamá, a respirar un aire puro y desprovisto de todo pesimismo. ¡Un regalo sentirse como en casa, hasta tomando un metro que parece el de Madrid, y sin escuchar ni una sola vez la plúmbea y fatídica palabra! "Crisis, what crisis?"

Panamá es y seguirá siendo un país bello, emprendedor, estable en lo político, seguro en lo jurídico, de gentes acogedoras, de profesionales preparados y muy solventes; y de grandes oportunidades de negocio; pero de negocio legal, reglado y transparente, para las empresas españolas y del resto del mundo. 

Eso es lo que vamos a seguir ocupándonos de remarcar, como hasta ahora. Bueno, más que hasta ahora. 

Panamá, como país, ha sufrido un injusto agravio. No disculpamos las conductas irregulares, todo lo contrario. En todas partes las hay, pero nos reconforta saber que se persiguen y que se empieza a separar "el grano de la paja". 

Lo que remueve nuestro sentido jurídico y de la justicia es que la caza de brujas apunte indiscriminadamente a éste o aquél, sea conocido o anónimo, bajo, de momento, la única acusación inconcreta de haber constituido una sociedad en aquel próspero y hermoso país. Una sociedad mercantil no es buena o mala por estar aquí o allá, sino por aquello para lo que se utiliza. Si era por eso, no hacía falta irse tan lejos. Al sur de nuestras fronteras, pero sin salir siquiera del suelo peninsular, debe haber "papeles" como para "empapelar" a tantos, que quedaría muy pequeño cualquier término de comparación. Un lugar donde hay más sociedades que habitantes. Pero como las comparaciones son odiosas, no seguiremos por ahí. Vayamos a otra cosa...

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