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Cláusulas suelo. El Supremo declara la validez de los acuerdos novatorios.

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noviembre 2018 Elena Blas Nistal

El Tribunal Supremo modifica su doctrina y declara la validez de los acuerdos novatorios en materia de cláusulas suelo. Inesperado cambio jurisprudencial y nueva crisis de la seguridad jurídica.

El art. 1.6 de nuestro Código Civil define la jurisprudencia como fuente secundaria del Derecho, destinada a complementar el ordenamiento jurídico a través de la doctrina que, de manera reiterada establezca el Tribunal Supremo al interpretar y aplicar las fuentes directas del Derecho, recayendo en éste, como órgano jurisdiccional superior (orden constitucional aparte), la labor de máximo intérprete y aplicador del ordenamiento jurídico.

En el ejercicio de estas funciones, corresponde al Alto Tribunal la fijación de una doctrina uniforme, coherente y en la medida de lo posible, predecible, que permita eliminar o al menos reducir al máximo, la incertidumbre jurídica asociada a una contienda judicial.

El problema es que en los últimos tiempos, y particularmente en ámbitos de especial trascendencia para el común de la ciudadanía, el Supremo se ha venido alejado de esta labor unificadora, modificando inesperadamente su criterio resolutorio ante situaciones esencialmente parecidas o idénticas.

Es este el caso de las tan conocidas resoluciones de 18 de octubre y 6 de noviembre de este año, a través de las cuales la Sala Tercera del Alto Tribunal modificó en apenas unas semanas, y en sentidos opuestos, su postura en relación con la determinación del sujeto pasivo del impuesto de Actos Jurídicos Documentados en la constitución de préstamos con garantía hipotecaria, pero también el de las Sentencias 205/2018 de 11 de abril y 489/2018, de 13 de septiembre, donde la Sala Primera declaró la validez de los acuerdos novatorios suscritos en materia de cláusula suelo, con renuncia de acciones por parte del consumidor, contradiciendo abiertamente su propia doctrina jurisprudencial establecida en la Sentencia 558/2017 de 16 de octubre y generando nuevas incertidumbres en relación con una cuestión, la de la validez de las cláusulas suelo, que se creía ya superada.

Así, mientras que hasta la fecha se había venido declarando pacíficamente la nulidad tanto de las cláusulas suelo como de los posteriores acuerdos novatorios suscritos en relación con las mismas (porque lo que es radicalmente nulo, lo es desde el inicio y ningún efecto, tampoco novatorio, puede producir), la nueva postura del Tribunal Supremo hace borrón y cuenta nueva, atribuyendo plena validez a ambos actos jurídicos, con la consiguiente liberación del banco de la condena al pago o reembolso de las cantidades percibidas como consecuencia de su aplicación, derogando así de un plumazo, toda la doctrina previamente sentada en relación con la nulidad radical de este tipo de cláusulas.

En estas nuevas resoluciones, el Tribunal Supremo considera que los autodenominados “Contratos de novación modificativa” del préstamo, pese a la literalidad de su denominación y al contenido de su clausulado, no son en realidad acuerdos novatorios que puedan verse afectados por la declaración de nulidad de la cláusula originaria, sino acuerdos transaccionales adoptados de común  acuerdo entre las partes, en los cuales se realizan concesiones recíprocas (renuncia de acciones en caso del deudor y rebaja de la cláusula suelo por parte del acreedor) para evitar pleitos futuros en los que se discuta la validez del préstamo. El Alto Tribunal entiende además que las manifestaciones manuscritas del deudor contenidas en estos acuerdos, constituyen indicio suficiente del conocimiento por parte de éste de la existencia, funcionamiento y consecuencias jurídicas y económicas de la cláusula, concluyendo que “las partes quedan vinculadas en los términos transigidos y , por tanto, con renuncia al ejercicio de acciones a cambio de una rebaja en el suelo, lo que impide en un principio enjuiciar la situación previa a la transacción, precisamente porque las partes quedan vinculadas por lo transigido”.

Así, el cambio de criterio del Alto Tribunal vulnera la imprescindible seguridad jurídica propia de cualquier Estado de Derecho, y que en el ámbito judicial debe traducirse en el dictado de resoluciones coherentes, con considerables dosis de continuidad jurídica en el razonamiento, y con respeto a los precedentes y a la doctrina jurisprudencial previa y pacíficamente aceptada. Continuidad y coherencia que en el caso del Tribunal Supremo adquieren especial significación, pues sus sentencias unifican las reglas del juego, orientando y en cierta medida también, vinculado los pronunciamientos del resto de juzgados y tribunales de ámbito inferior.

Así, la doctrina sentada en estas nuevas resoluciones, radicalmente contraria en su contenido y consecuencias a la previamente dictada por el mismo Tribunal Supremo, ha sembrado de nuevo la incertidumbre en el debate jurídico de las cláusulas suelo, provocando ya el planteamiento, por parte del juez de refuerzo del Juzgado de Primera Instancia nº 3 de Albacete, Don Luis Martínez Valero, de una cuestión prejudicial ante el Tribunal Superior de Justicia de la Unión Europea, que ya ha sido admitida a trámite y que deberá decidir definitivamente y de manera vinculante sobre la conformidad a derecho y la validez de estos acuerdos novatorios privados.

Así pues, habrá que esperar para conocer la postura del TSJUE sobre la validez de los acuerdos de novación de la cláusula suelo con renuncia de acciones, esperando que, como ya ocurriera en otras ocasiones, el TSJUE corrija la decisión de nuestro Tribunal Supremo, en favor de los consumidores.

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